(15 2021) Mitología Maya. Los antiguos mayas no adoraban a ningún dios de naturaleza animal, a la solitaria excepción entre nuestros ancestros fue el culto, introducido por los toltecas, de la serpiente emplumada, kukulkán, equivalente del Quetzalcóatl azteca, aunque más que un animal propiamente dicho era la representación simbólica de un ser humano deificado.
Sin embargo, muchos animales tuvieron una particular importancia simbólica en las concepciones míticas y religiosas de los mayas prehispánicos.
Balam, el fiero e imponente jaguar, representaba el poder de que estaban investidos los sacerdotes, guerreros y hechiceros. Por ello eran los únicos que tenían derecho a ataviarse con su piel moteada, representaba el firmamento estrellado, igualmente, al jaguar se le asociaba a la fertilidad de la tierra y las fuentes del agua, así como a las tinieblas y el misterioso mundo del subterráneo.
Un cocodrilo gigantesco por su parte, soportaba a la tierra sobre su lomo: y el dios principal del panteón maya, Itzamná, se le representaba frecuentemente emergiendo de entre las fauces de uno de estos reptiles.
Camazots, el murciélago de la muerte
El zotz, el murciélago, por su carácter nocturno, se relacionaba con fuerzas tenebrosas, los sacrificios y la muerte. En el Popol Vuh, libro sagrado de los mayas, los Gemelos Divinos son víctimas de camazotz, el murciélago de la muerte, quien los decapita.
Sapos y tortugas estaban simbólicamente asociados con el agua. El sapo- much en maya,- era considerado mensajero de los dioses, y el caparazón circular da la tortuga o ac representaba la forma de la tierra, además de ser usado como instrumento de percusión para imitar el retumbar de los truenos que acompañan a tormentas y aguaceros
Jub o el caracol marino vinculado con el agua, asimismo por su forma espiral simbolizaba el concepto maya del tiempo, al cual no se consideraba un proceso lineal sino cíclico. En matemáticas, era el símbolo del cero, y como instrumento musical dejaba oír su grave e impresionante sonido en todo acto o ceremonia de particular importancia.
Almas de guerreros
El quetzal y el búho eran objeto de especial atención. Al primero se le capturaba, sin jamás matarlo, para despojarlo de sus larguísimas plumas coberteras de casi un metro de longitud, que semejan una enorme cola y se usaban como ornamento en el atuendo de sacerdotes y dignatarios. Al búho o xoch’, por su parte, se le consideraba mensajero del inframundo y se relacionaba tanto con la fertilidad como con la muerte.
El mono araña o xtuch aparece en la mitología maya desde los albores de la humanidad, pues según el Popol Vuh, los primeros hombres no fueron tales sino monos, aunque luego los dioses que los habían elaborado enmendaron su obra y fabricaron auténticos seres humanos con maíz.
A Ixchel, deidad rectora de la fertilidad y el buen parto, se le relacionaba con las arañas o aam, por ser también diosa del tejido .
A las mariposas o peepen, se les miraba como almas de guerreros muertos en batalla o sacrificio, que tras acompañar al Sol durante cuatro años en su cotidiano recorrido, terminaban convirtiéndose en estos insectos.
Los animales, en fin no fueron para los mayas simples seres vivientes, sino la representación de fuerzas divinas o sobrenaturales. Eran también un elemento de conexión entre el hombre y la naturaleza, y ello les confirió un completo carácter mágico- religioso que conforma una especie de mito fauna, si así puede llamársele, una mitología relacionada con la fauna, que aún perdura en la imaginación popular y se manifiesta en multitud de creencias, leyendas, mitos y supersticiones.
Aficionada a la lectura y escritura en especial a temas de leyendas.