(17 2021) Leyendas Mayas, Yucatán. En los montes de Belhalal, cerca de las viejas paredes de Uxmal, existieron una vez frondosos árboles y tierra buena para hacer milpa. Se cuenta, que en esos montes habitan montículos que tienen vida. Uno de ellos se llama Mulitkak y se asegura que en el está encerrado el perro de cera.
Dicen, que el cerro está vivo porque sale el ladrido de un perro, el canto de un gallo y el gorgojeo de un guajolote. En esa época había muy pocos perros, la gente anhelaba poseer uno porque daba seguridad en los lugares que inspiran temor. Hasta la “calavera de un perro” alejaba a los malignos.
En lo viejos tiempos de Belhalal era un pueblo grande. Un grupo de labriegos decidió ir hacer sus milpas, cerca del cerro Mulitkak, pues era la tierra muy fértil. Uno de ellos, de nombre X-Batlis Chan, andando por el campo encontró un enjambre de abejas del que cogió la miel.
Se hizo un perrito aún que sea de cera, para que los acompañara a él y a sus amigos. Un día este milpero se corto la mano mientras tumbaba los árboles, puso una gota de sangre en el hocico del animal de cera y asustado vio como lo tragaba. Desde entonces, todas las noches se cortaba la mano para darle su sangre al perro.
El perro empezó a crecer y a salir por las noches, También empezó a ladrar. Cada amanecer dejaba un venado a la puerta de su amo, que había cazado para él.
Cuando creció más, el perro devoraba por su parte un venado todos lo días. Fueron escaseando los venados, el perro se fue comiendo a los milperos; al observarlo el hombre dijo a sus compañeros “¡Vámonos, huyamos o seremos aniquilados!”
En el camino hallaron a un viejo y el asustado campesino le dijo: “¡Ay papito corre con nosotros porque nos viene persiguiendo el maligno!”.
Pero el anciano respondió, eres responsable de las muertes de los que fueron devorados. Detente y mira como atrapo a este compañero del maligno. Todos se detuvieron, el viejo se arranco nueve pelos de la cabeza, los trenzó y formó un lazo con ellos. Luego se arrancó uno más y lo sembró en la tierra. Aquella hebra de pelo se convirtió en la planta del “chichibeh”. Amarro de ella el lazo y lo puso como trampa. Apareció comiendo el perro de cera, metió su cabeza en la cuerda y quedó lazado. Por eso el cabello de los viejos es resistente y la planta de “chichibeh” no puede arrancarse con facilidad.
Hasta hoy, quien pretende cazar venados por esos lugares no puede. No encuentra al venado que mató. Se cuenta; que el perro de cera se lo come. Si se quiere cazar un venado por esos parajes, hay que ponerle cera a la bala.
Autor, Domingo Dzul Poot “Cuentos mayas”.1985. Revista Misterios, Leyendas del Mayab, Director, Jorge Moreno.
Aficionada a la lectura y escritura en especial a temas de leyendas.