(06 2022) Leyenda Maya. En un pueblo llamado Tekax, en el Sur de Yucatán, en una de las últimas casas, vivía una niña llamada Rosalinda Cohuó Poot, quién vivía muy feliz con su familia. Ella a la que todos llamaban Linda, les contaba sus padres que tenía unos amiguitos (los aluxes) con los que siempre jugaba y no le creían. Pero ella estaba muy contenta con ellos porque protegían su casa.
Durante el día todo estaba tranquilo, nada más entraba la noche y se empezaban a oír ruidos, risitas o que varios niños estaban corriendo en el solar, pero salían a ver de que se trataba y no había nadie. En una ocasión un ratero quiso brincar la albarrada porque vió la bicicleta, en el momento que puso los pies dentro del terreno, los aluxes le empezaron a tirar piedras, palos o lo que hubiera en el patio, los cuales le cayeron como lluvia al extraño, quien se fue horrorizado porque vió no había nadie, de la nada lo tranquearon.
Los aluxes siempre le escondían los juguetes a Linda y se divertía buscándolos. Ellos se conocían muy bien, pero nada más a ellos aceptaban en la casa. Un día llegó un tío de visita, la pasaron muy bien durante el día, pero cuando llegó la noche, él se fue a dormir en el último cuarto y al poco tiempo los aluxes le tiraron piedras y palos en la puerta y ventanas, pero como él estaba cansado del viaje inmediato quedó dormido y como no les hizo caso el ruido, entonces entraron al cuarto para hacerle travesuras, le sacudieron la hamaca, le jalaron el pelo, le hicieron cosquillas en los pies y al sentir esas cosas el tío despertó, encendió la luz y alarmado salió corriendo de la casa gritando “aquí espantan”. El papá se molestó mucho y a primera hora fue a consultar con el Xmén (el hombre más sabio del pueblo) y le dijo, de los aluxes, quien de inmediato le dijo, vamos a tu casa a ver que sucede. El Xmen fue solo al fondo del solar, se puso de rodillas, llevó incienso y parecía que decía una oraciones y después, empezó a desenterrar algo que perecían niños de barro y se los llevó a su casa porque según él tenía que trabajarlos. Esas fueron sus palabras. Después que pasó todo eso, los juguetes de Linda ya nadie los escondía, se puso triste porque ya no podía jugar con sus amigos. Pero un día amaneció y no vió sus juguetes y grito ¡ Ya regresaron ! ¡Ya regresaron!. Corrió al solar y ahí estaban unos detrás del árbol en las ramas y debajo de las hojas, el papá la veía extrañado, estaba con su pala haciendo una zanja para construir un corral para gallinas, de repente gritó el señor ¡ vengan a ver esto! ¡vengan! Era un baúl de madera llena de monedas de oro. Desde ese momento el señor nunca volvió hacer nada para que se vayan los aluxes. Compraron la casa de enfrente y cuando tienen visitas ahí duermen. Los aluxes y Linda se siguen divirtiendo a diario.
Aficionada a la lectura y escritura en especial a temas de leyendas.